I survived to Behòvia 2009

dimecres, 26 de juny del 2019

Comrades 2019

Como si no hubiera un mañana


Voy a comenzar con una contradicción evidente. Considero Comrades una de las grandes pruebas a nivel mundial. Por su historia, por su atmósfera, por su dureza es un Must  y no me equivoco si afirmo que la participación internacional se disparará en la próxima década.


Por otra parte, con mi segunda Comrades escribo mi punto y final. Satisfecho por tener en mi haber un Up y un Down, por haber sentido y vivido las dos versiones en mis propias piernas pero también reconociendo que tanto sufrimiento ya es suficiente.
  

Recomendaría mil y una veces correr esta prueba porqué es increíble, por la dureza de su recorrido, por la distancia -siempre entre 87 y 90 kms-, por el clima caluroso y subtropical de la segunda parte, cuando el sol imponente y africano está en lo más alto, por el olor a bacón de las barbacoas familiares y sus ánimos invencibles durante horas y horas, por cómo reacciona la gente en Sudáfrica cuando le explicas que has corrido Comrades -les cambia la cara al instante- pero yo ya se lo he dado todo.


Aún pintaba bien


Mi año Up tenía que haber sido el 2017, el año de mi 50 cumple (hubiera ganado una medalla adicional, la Back to Back que se da a los participantes que completan dos años consecutivos) pero me vine arriba y pasé antes por Etiopía y la cosa se complicó. Tanto que hasta un año después anduve con problemas estomacales sin encontrar solución. Siendo el 2018 un año Down debía esperar al 2019. En septiembre me inscribí sin dudarlo pero no la preparé específicamente ni de lejos. Es más, creo que hice todo lo indebido y alguna cosa más, por eso no había otro objetivo que acabarla. Iba a ser un mind game y sabía que lo superaría pero no me esperaba tanta falta de épica por mi parte, ni tanto dolor y pena.
Los dos días previos en Durban fueron de diluvio en diluvio hasta el domingo. Ahí se cruzaron los astros y la previsión de lluvia del 60% en la salida -marronazo- salió errónea y templada; tuvimos mucha suerte.

El día anterior, en la feria, cuando fui a recoger los dorsales y a dejar la bolsa con ropa limpia para la llegada, la atmósfera era eléctrica. El país ya se estaba paralizando por la prueba. Un ambientazo salvaje que llegó a sobrecogerme por lo que tuve que acabar yéndome antes de verme sobrepasado.

Dejando la niebla atrás


Pude dormir bien y en el hotelillo con encanto la mitad de los huéspedes íbamos a correrla. El dueño nos llevó a la salida a las 4h45 en un detallazo más de este pueblo sudafricano. Estiré un poco, me introduje en mi corral A y sentado esperé que pasarán los 60’ que faltaban. Llegó el himno sudafricano, la canción Shoholosa -canción zulú que habla de unos hombres que van a atravesar las montañas-  que corearon 20.000 gargantas,  el gallo que anuncia el amanecer y como si no hubiera un mañana se dio la salida. Mi ilusión era ir a 5’ y quien sabe si pasado el km 60 y los mayores desniveles acelerar un poco y bajar de 7h30’ para ganar una silver medal.

Siempre positifo, nunca negatifo


La temperatura era fresca, había niebla pero no llovía, ¿qué más podía pedir? Llevaba 8 geles Maurten de 100 calorías que me tomaría cada 10 kms y pastillas de sal cada quince. Otro gran puntazo de Comrades es que los avituallamientos son cada dos kms. Sinceramente algo que creo evita muchos muertos por golpes de calor.


El perfil por el que corría y el topográfico parecían distintos, no tenía la sensación de ir siempre hacia arriba, pero iba. Tras un primer km por encima de 5’20”, me estabilice entre los 4’40” y los 4’50” y sin mucha complicación dejaba que fueran pasando los kilómetros. Hacía fresco y se corría bien así que hasta casi podía disfrutar de ver como iban cayendo los hitos kilométricos que señalan cuánto queda hasta la meta. 87, 86…79, 78…procuras no pensar en exceso y distraerte con cualquier cosa.

Hay que hidratarse, ¡y bien!


Llevaría una hora corriendo cuando comencé a notar molestias en los psoas. No sé si debido a la lentitud del ritmo y el perfil ascendente pero en un año en que no he tenido casi molestia alguna me encontraba tocado físicamente al pasar por el cartel de 57kms…a meta. Las molestias crecieron a la par que mi mal humor y negatividad. No estaba disfrutando lo más mínimo sino todo lo contrario. Solo veía que iba a darme una paliza monumental, aunque retirarme, por lo pronto, no era una opción.

Polly Shorts de los c...


Y así, sin épica ni trance alguno, fui sintiendo cada puto metro durante horas. Tras estabilizarse el dolor y pasar el ecuador de la prueba razoné que si era una prueba más mental que física debía comenzar a alimentar mi cerebro con más positividad. Y así lo hice, y lo conseguí ver con ojos de turista privilegiado en Sudáfrica -que al día siguiente iba a comenzar un viaje mítico por el parque nacional del Kruger-, los paisajes ya acompañaban -las mil colinas que separan Durban de Pietermaritzburg y el sol y el viento que caían sobre mi cara que había vuelto a sonreír.

Se acaba el calvario


Coleccioné momentos míticos, el cartel de 29, de 19…caminé (mucho) cuando no pude más e increíblemente llegué al 76. El sol era tan fuerte desde la mitad del recorrido que a pesar de seguir un ritual de hidratación cada 2 kms -agua, isotónica, coca cola y agua sobre la cabeza- llegaba con la garganta incendiada y desértica al siguiente avituallamiento. A falta de 10k se me atragantó Polly Shorts, un puerto de 2k que suele sentenciar, si aún no lo está, definitivamente la carrera. Caminé creyendo que era de los últimos participantes, que me habría ido a las once horas mínimo -la batería del Garmin había fallecido- cuando hablando con una participante me indicó que entraríamos en meta entre las 8h y las 8h15’. Fue una agradable sorpresa.



Y con la falta de épica que me acompañó a lo largo del día, recibiendo los ánimos infatigables de la mejor afición me fui acercando a la meta. Me reté a correr sin para los últimos 3, cosa que conseguí y crucé la meta en 8h15’. Sorprendentemente rápido para lo sentido.

Cerré la carpeta Comrades y cogí el autobús que me devolvió a Durban.

Fin 


Leí a los pocos días un post de Sage Canaday, el talentoso ultrafondista -yo no lo soy, me gusta la tralla- norteamericano en el que se preguntaba cómo entrenar para esta prueba única en el mundo en la que por segunda vez se había vuelto a estrellar. Y si alguien con tanta experiencia no acierta con la tecla, señal que no es fácil.

Cerrando carpeta Comrades


Y aunque fantasee con volver a los 60, dejo aquí por escrito que no, que como una media no hay nada y un maratón al año es suficiente.

 ¡Saludos!
Gerda Steyn, 17th ¡overall! Y sub 6h

dissabte, 1 de juny del 2019

Campeonato de España máster de media maratón. Ortigueira-Cariño, 25 de mayo de 2019.

A falta de fotos...


Conocí en persona a Luís del Águila en junio del 2011. Seguía su blog desde unos años antes y entonces ya era alguien a quien admiraba, un atleta que entrenaba a un muy alto nivel produciendo unos resultados acordes, incluyendo algunos récords de España. Hizo de la necesidad virtud y de la crisis aprovechó oportunidades que le llevaron a darnos a conocer las bondades del rendimiento neuromuscular. Pero fue en 2016, cuando tras leer un artículo suyo, le escribí inmediatamente porqué quería entrenar la fuerza con él. En aquel artículo explicaba cómo había ganado el 3000 indoor tras salir de una operación de rodilla: con un último 1000 que fue el más rápido desde su recuperación, series incluidas. Me impactó su eficiencia.

Tras Polonia, me costó encontrar la voluntad suficiente para volver con el pico y la pala. Además, un estornudo desafortunado me impactó en la cara justo el viernes de Dolores y tampoco sumó con sus días febriles y sus semanas de mocos. Racionalicé el presente inmediato y vi que entre abril y mayo, si conseguía empalmar cuatro semanas buenas de entrenamientos, podría recuperar cierta chispa.  
Y a ello me puse, añadiéndole además un entrenamiento que fue idea de Luís cuando preparaba Comrades. Series de 1k en subida (4,5% de desnivel), recuperando en la bajada a 3’50”. Son entrenamientos bastante odiosos que sientan de muerte. 6 subidas (12k), 7, 5, 4 y 3 en cinco semanas consecutivas. 25 Lloritos con sus 25 bajadas. La última semana, una sesión con 4 de mil a 3’21” más un 4.000 a 3’27”me devolvió al punto donde había querido ir.

Perfil bonico


Tras volar a A Coruña y conducir hasta Cariño -nombre inmejorable- solo quedaba cuidar los detalles. El circuito era point to point, des de Ortigueira a Cariño. Un recorrido precioso que me retrotraía a Washington State, con sus bosques acariciando las bajas mareas de las Rías Altas en un entorno verde esmeralda. Esta media maratón podría ser la Behobia gallega, ahí lo dejo. El recorrido era de unos 11k rompe piernas más un puerto de montaña que conducía hasta Cariño. Mi idea era ir a buen ritmo en la primera parte y ser más agresivo en el puerto. 

Tras la salida, los dos objetivos clave eran no caerse y calcular dónde estaban mis adversarios de grupo de edad. A pesar de algún cono peligroso enseguida controlé a quiénes seguramente nos disputaríamos el podio. Y uno de ellos se me iba, ligeramente.

Podio M50


Pasado el km 5, me sorprendía que los primeros estaban aún muy cerca, a unos 80 metros. Y no se acababan de ir, añadiendo cierto estrés adicional. No había mirado ni un parcial y así seguiría pero me veía cómodo. Aceleré un poco más el ritmo y cacé al primero de mi categoría. Éramos un grupo de 4 atletas, los 2 primeros de M50, un M45 y un M40. Seguía muy fácil y en las pendientes notaba que iba más sobrado que el resto. Mi estrategia se consolidaba: atacaría en el puerto. Pero pasado el km 11, en uno de los relevos que doy veo que mi rival se queda así que doy gas y comienzo a irme a por el oro.

Subimos, bajamos, recogemos algún cadáver, nos pilla algún joven, nos separamos…el camino hacia Cariño, con viento de cara, cada vez me es más familiar y sé que llegado el 20 habrá una larga bajada que me llevará a meta. Finalmente llega el 20, aceleró y a falta de 300 metros oigo la respiración de un atleta que viene, me giro y no lo puedo creer: ¡es mi rival de categoría! Tan pronto me alcanza mi mente decide que si me quiere ganar deberá vomitar sangre. Pego un cambio brusco y me voy unos metros que aguanto hasta meta. 

La segunda sorpresa y mucho más agradable es el reloj del arco de llegada. ¡Voy a bajar de hora quince! Me parece increíble con este perfil y me llena de confianza para el próximo otoño, con el pack de media y maratón de Valencia. Un must en toda regla. ¡Y el último mil de la media en 3'8"! Cuando la serie más rápida había sido de 3'17". Espíritu Luís.

Este domingo un 5000 en pista y vuelo hacia Sudáfrica, me espera una deuda con la versión Up de Comrades y cerrar su ciclo.

¡Saludos!