I survived to Behòvia 2009

dilluns, 8 d’abril de 2019

Torun 2019 (POL). Campeonato del mundo máster de media maratón.

Corriendo en Santaco el 10 mil


En enero, intentando averiguar la fecha del campeonato de España máster de media, caí en la cuenta que se celebraba el mundial (máster, media) a finales de marzo en Polonia. Comprobé fechas, posibilidades de viaje y me apunté dos días antes de que se cerrará la inscripción. Durante la temporada, aún sin acabar de conseguir los resultados esperados, había completado grandes entrenamientos (ver posts anteriores) así que valía la pena intentarlo.

Un solo a 3'35", gran entreno
El día del maratón de Barcelona, justo cuando tiraba la toalla en el 30 me vino esa expresión tan franquista y carreroblanquiana del no hay mal que por bien no venga. Llegaría a Polonia sin el desgaste previsto, tendría más posibilidades. Pero no fue todo fácil puesto que los 30 a 3’40” con el estómago tenso me dejaron con un dolor de lumbares que me duró una quincena. Por suerte, las manos expertas de mi fisio hicieron su labor y, dolorido, pude entrenar decentemente las 3 semanas posteriores. En realidad, eran 3 entrenos de calidad y el resto rodajes, con la ventaja de no mirar el volumen. Tras la preparación maratoniana iba sobrado. El domingo 17/3 hice 6 miles a 3’23” rompiendo el hielo y comprobando lumbares. Le siguió el miércoles 20 con algo más de chispa: 6x500 a 1’33” + 4k a 3’28”. La confianza se afianzaba. Y finalmente el sábado 23, al ritmo que quería correr la media, conseguí un oro que me hizo mucha ilusión, el del 10mil en pista máster de Catalunya.
Con el Sr Chivite y el Sr Rey Roncero


Con los deberes hechos el jueves 28 cogí el avión a Varsovia. Sabía que tenía alguna posibilidad de podio si me enfrentaba a la carrera del modo más inteligente posible. Mentalizado, focalizado en todos los detalles, la gestión mental en competición sería clave.
El viernes comencé a respirar el ambiente de unos campeonatos de este nivel. Recogí el dorsal, pude obtener información sobre el circuito y disfruté del ambiente realmente especial que se vive en unos campeonatos de veteranos, que es mágico. Si algún lector atraviesa cierta crisis de edad, envejecimiento o con la vida y el más allá que se venga a verlos -no hace falta un mundial, en un autonómico ya lo respiras-. Las ganas de vivir, la camaradería, otro mundo es posible.
Tras cenar breve el viernes y desayunar lo de siempre antes de una competición -ese dolor de no tocar el buffet del hotel, ahí sí hay sacrificio- me fui para la salida. A las 10h y con 10 grados, no podía pedir más.

Perfil de Torun


El enfoque mental lo tenía claro. Debía tomar todos los riesgos posibles; un mundial se lo merecía. Le verbalicé a un compañero que mi objetivo sería cruzar la meta y desmayarme. Lo habría dado todo y aumentaría la probabilidad de subir al pódium.
Puntual la salida, conjunta, y me vi a los 500 metros cerca de la cabeza en un grupo de unos 20/25 atletas. Escaneé los dorsales y me pareció que éramos 3 M50 en el grupo, pero no estaba seguro de si había alguno más. Otra medida relacionada con el riesgo era no mirar ni un segundo mi reloj porque no tenía sentido alguno; debía gestionar el dolor, no los parciales. Iba a ser un Run by feel en toda regla.

Ese porte perdido


El grupo se fue estirando y nos quedamos un bloque con 3 polacos y un británico al que se nos unió un francés, todos ellos entre M35 y M45, siendo yo el más viejo del lugar. Luego -al mirar el Garmin- supe que subíamos entre 3’25” y 3’30” pero en carrera mis mensajes mentales eran sobre el dolor. Todo lo leído a lo largo de los años en biografías, artículos, entrevistas, siempre el lugar común de la gestión del dolor como clave del éxito. Constantemente me repetía que era el día para experimentarlo, profundizar e ir más allá. Sufrirlo, analizarlo y poseerlo. Y así fue, como a base de aguantarlo seguí con mis compañeros de viaje hasta el km 9. En el último quilómetro y medio hasta dar la vuelta el desnivel aumentaba y ahí me quedé con un polaco. Pensaba que solo quedaba dar la vuelta y todo sería más fácil, pero no. Había pasado el 5k en 17’26”0 y el 10 con 35’9”3 (2º parcial en 17’43”) y mi cuerpo empezaba a llegar al límite. Pero si algo permite llegar muy bien entrenado es probar la flexibilidad de ese límite y de eso se trataba, de estirarlo.
Así pues, llego al ecuador, cruzamos un puente y regresamos por un carril bici paralelo a la carretera por la que habíamos subido. El compañero polaco se queda y por delante observo a un corredor de rojo -resultó ser checo- al que recupero distancia y me animo con un último cambio en busca de compañía y protección del viento, que nos viene de cara.

2 polacos y un alemán de padre cordobés, un lío

Enseguida nos entendimos. Me dice que me ponga detrás suyo y sigue tirando a la par que me tapa el viento. Al llegar a la primera cuesta se queda e invertimos los papeles. Marco el ritmo y me sigue. Es obvio que ya no voy como antes, las sensaciones son de mal cuerpo pero también es verdad que nadie nos ha pasado, que hemos subido muy rápido y que podría ser que fuera tercero. Sigue valiendo la pena entregarse hasta morir (como metáfora, que me lee mi madre).
A partir del 13 me notaba ya corriendo poco fino, no fluía pero avanzaba. El objetivo era ya llegar a meta y sufría episodios bipolares por lo que respecta a las sensaciones. El 15 lo pase en 53’10” (parcial de 18’), ya solo me quedaba un faro (medida de la distancia de carácter local).
Los últimos kms los había recorrido calentando así que era territorio familiar y solo esperaba llegar a la única curva del circuito y enfilar la meta. Con grandes arcadas y una desfiguración ósea y muscular que desgraciaba mi porte atlético llegué a meta, no sin sufrir antes un breve infarto por si era algún M50, al perder el esprint con el polaco que había dejado atrás…

Había saldado mi primer mundial con una de las carreras mejor ejecutadas de mi vida. Sin complejos y de frente. Sin filtros. Y como toda buena trama quedaba un poco de drama porqué no estaba seguro del todo sí había quedado tercero. Desde que corrí en 1979 mi primer campeonato -¡40 años!- y quedé cuarto, bastantes veces me ha acompañado esta triste posición pero el sábado pasado en Torun no la quería por nada del mundo.
45’ de tensión hasta que colgaron los resultados y sí, había sido tercero. Podio en un mundial. Llamadas, abrazos y mucha emoción. Todo, tanto, había valido mucho la pena.
Medalla y podio fueron las guindas de un pastel que comenzó el día que me di cuenta que una de las cosas que más me gusta en este mundo es correr. Simplemente correr. Y relacionado con ello, cada vez le encuentro más interés a aprender sobre el entrenamiento y por lo pronto ya puedo decir que soy entrenador de un atleta medallista en un mundial. Seguimos hacia adelante.

¡Saludos!