I survived to Behòvia 2009
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dimecres, 20 d’abril del 2011

La fuerza de Pre.

Foto felizmente bautizada como el tren.
Añado el artículo enviado a DemonFit, con un mínimo copia y pega de ayer. "Sus" los merecéis todo.
PD: and the winner of the porra es: Montse del Águila de Torres, que además de gran atleta es mi prima. Pero no ha habido tráfico de influencias.


La fuerza de Pre.
Sin duda, me acompañó ayer en los momentos críticos que viví cuando me di de frente contra el muro. Ese viejo amigo a quien hacía demasiado tiempo que no veía y quien se encargó de recordarme que a los amigos hay que cuidarlos. No puedes olvidarte de ellos. Pero eso fue la anécdota, la categoría fue el haber vivido, intensamente, el maratón de Boston.
No hablaré de los meses de entrenos continuados, de los mil dolores pequeños ni del Torrente que me detuvo en una tirada larga por correr por la izquierda (tal cual).
Llegué el viernes anterior a la carrera en un intento de no despistarme en demasía con respecto al objetivo inicial del maratón. La feria, absolutamente profesionalizada, me impresionó. Digamos que el minimalismo ligado al movimiento barefootiano y la compresión regeneradora –será porque cada vez somos más mayores- fueron los trending topics. Vi al viejo Sr Hoyt –un mito- y obsesionado por descansar del efecto jet lag –parezco aprenda inglés en 1000 palabras- desaparecí pronto.
El lunes por la mañana fui al punto de recogida y lentamente tomé consciencia de la magnitud del evento. Centenares de autobuses amarillos high school –y dale- nos esperaban para trasladarnos, en modo Jefe de estado (carril prioritario, sin cruces, ni semáforos, ni peajes) a la salida en Hopkinton. Llegué 2h antes de la salida y el ambientazo iba en un crescendo inimaginable. 27.000 corredores y los voluntarios, por mucha talla 36 que haya, ocupábamos un espacio mareante. Centenares (¿miles?), de baños portátiles, avituallamientos de todo tipo, hospitales de campaña…qué se yo. Increíble. A pesar de ello encontré a mi amigo Fernando, quien está a una sola maratón para completar el repóquer de majors. Congrats man!. Dicen que el impacto en Boston es de 135 millones de dólares…creo que se quedan cortos.
Corral 1. Faltan 10’ para la salida y por un pasillo pasa la élite. Choco las manos con casi todos, incluidos Mutai y Ryan Hall –cuando éste ha pasado ha habido un rugido ensordecedor de todo el público; el hombre iba absolutamente espídico y he pensado que era imposible que corriera bien con los saltos que daba. Me alegro de haberme equivocado-. De repente veo a mi lado, ni a un metro, a Joan Benoit, le doy la mano y le deseo suerte en su intento de conseguir la mínima para los trials –es la prueba de selección del equipo USA para los JJOO; los ha corrido todos desde 1984-. Himno a capela; serás creyente o no, pero es un momento potente y cañonazo de salida. Voy con el freno de mano echado pero me es imposible no correr en exceso. Hay público a lo largo de todo el circuito. Todas las edades del mundo. Niños de 2 o 3 años, envueltos en mantas, animando desesperadamente. Qué bonito. La palma de oro para las chicas de Wellesley, la universidad donde se graduó Hillary Clinton, que ocupaban más de 400 metros con sus carteles: Kiss me ‘cause I’m senior, ‘cause I’m jewish, ‘cause I’m from California…unas cracks que me han arrancado una gran sonrisa-.
Paso la media en 1h19’, el tiempo previsto, pero me noto vacío. Y poco a poco mi ritmo decae. Del k25 al k35 se deben subir las célebres 4 colinas de Newton. Llegó al 32, Heartbreak Hill, y no puedo dar un paso más. Literal. Noto que voy perdiendo el sentido. Me pesan toneladas los cuádriceps. Camino un poco, bebo, tomo geles y consigo arrancar concentrándome en respirar y poco más. De hecho, intento procesar las millas en quilómetros y no puedo calcularlo. Sólo corro. Como harían los valientes. Como Prefontaine. Intuyo al público que grita enfervorecidamente pero aunque se lo agradezco en mi interior, mi cerebro solo está para correr. Creo que es el estado de trance del que hablan los ultrafondistas y los himalayistas. Me detengo en los avituallamientos, que por suerte son numerosos. Tengo mucha sed a pesar del frío. En el 35 me adelanta Joan Benoit. Qué mujer. Camino un poco y vuelvo a rodar un poco por encima de 5’. Me recompongo y soy capaz de calcular que aun tengo posibilidades de bajar de 3h. Me parece increíble. Ha habido momentos que pensaba que me iba a las 4 horas. Qué más da. Hoy acabo sin duda alguna o me se llevan, que en Massachusetts la sanidad es universal. Aun disfruto la recta final y entro en 2h57’. Estoy muy feliz.
Y como ya dije en mi blog, le dedico estas crónicas a todos aquellos que habéis seguido esta maravillosa aventura por vuestro afecto, ánimo y amistad. Engrandecéis la vida.
Un abrazo!
PD: ¿alguna idea de donde correr mi próximo maratón?