I survived to Behòvia 2009
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Correr con los keniatas. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Correr con los keniatas. Mostrar tots els missatges

diumenge, 23 de juny del 2013

Darwinismo.

Se devora con facilidad
No sé si es debido a una mala época, en lo físico y en lo anímico que estoy viviendo, que a buen seguro influye en mi forma de ver el mundo, pero he perdido una ilusión. Uno de mis sueños era viajar a Kenia, a la cuna del fondo, a la cuna de casi todo y entrenar duramente para luego viajar a Boston e intentar de una vez por todas superar al mejor maratón del mundo. Ya no quiero ir.

Consecuencia de la lectura del libro Correr con los keniatas de Adharanand Finn, una suerte de El antropólogo inocente en versión runner. A través de un estructurado relato y no sé si intencionadamente, nos enseña la lucha despiadada por sobrevivir, en su significado más crudo, de una población, que fruto de la casualidad del destino, parte con las mejores condiciones para triunfar en el arte del correr.


Muchos llegan a Kenia en la busca del dorado, de ese gen, de esa supuesta flexibilidad de los tobillos, de ese algo que explique el porqué un porcentaje tan elevado de keniatas domina el fondo mundial. La realidad, cruda otra vez, es mucho más fácil tal como lo explicita Renato Cánova. La dureza sin paliativos de un estilo de vida desde bien jóvenes –las 10.000 horas de talento-, la altitud, la dieta baja en grasas y rica en carbohidratos y proteínas de origen vegetal y una cultura asentada en la, casi única, posibilidad de escapar de la miseria tras la profesionalización en los ochenta de la ruta, es decir, el afán de triunfar, componen el coctel, que bien agitado, nos ofrece la solución al dilema.

De todos modos, el libro se lee con fruición. Capítulo a capítulo avanzamos en el conocimiento de la vida en Iten, el pequeño pueblo de 4.000 habitantes donde un 25% de la población intenta sobrevivir e incluso saltar a la clase media de atletas keniatas que les han precedido. Y es ahí, entre anécdotas relevantes (del tipo buscar en el listín a un Kipsang, de 2h4’ y llamar a otro de solo…2h5’) donde comprobamos lo duro del viaje. Atletas que pasan hambre, que viven en condiciones infrahumanas, me encogen el corazón a sabiendas que solo unos pocos de ellos serán los elegidos, en el peor de los casos quizás por pseudo-mafias de agentes occidentales de cuya cercana existencia tenemos constancia.

Quizás mi admirado Marc Roig me corrija. No hay peor visión, en ocasiones, que la que uno se forma bajo un estado de ánimo.

¡Saludos!