I survived to Behòvia 2009

dijous, 26 de gener de 2017

SB Marató de Tarragona 2017

¡Comienza la fiesta!


Tras mi maratón del año pasado, cuyo desarrollo rozó la perfección, creía que nunca volverían a alinearse las estrellas. Contra pronóstico, todo mejoró.

Nobleza obliga y antes de narrar su desarrollo, debo agradecérselo a la hermandad kalenjin, la verdadera recompensa del día a día. Durante las semanas de preparación específica, tanto en las series como en los ritmos controlados y también en los rodajes suaves y tertulianos, procurábamos quedar cuantos más mejor y ayudarnos unos a otros. Tanto los que íbamos a correr el maratón como los que no entrenábamos juntos completando días gloriosos y alguna cena (que rima con Lucena). Tengo fotos descoloridas de 1979 con dorsal y puedo afirmar que ha sido en el periodo kalenjin cuando más he disfrutado con este hermoso deporte. Va por ustedes.

Tampoco quiero olvidarme de la organización. Tras diez meses de mucho trabajo que te digan, 11 horas antes de la salida, desde Protección Civil y Guardia Urbana que la prueba debería anularse porque los doce quilómetros de espigón están cerrados por el temporal de Levante –con las olas saltando por encima- debe ser durísimo. Y se recompusieron con un plan B reinventando el circuito con lo mucho que ello conlleva en una larga noche de trabajo que me permitió llegar, correr, vivir.

La grupeta por el 15


Mi primer objetivo era bajar por quinta vez consecutiva de 2h40’. Los entrenamientos señalaban que era posible, quedaba rubricarlo sobre el asfalto. Si volvía a subir al podio absoluto catalán el sueño se multiplicaba. Y si era con algún hermano kalenjin ya estaríamos hablando de éxtasis.

Los días previos, además de vivir el tapering sin ansiedad debido a la tremenda tranquilidad que da la experiencia, son días de intentar coordinar intereses comunes con otros atletas. Dos kalenjines compartían objetivo y la justicia poética añadió a un tercer miembro en la expedición.

Km 30: misión cumplida


En el 2012, tras volver de Boston con mi peor marca, 3h52’, dije que nunca más correría un maratón. A los pocos días recibí un mensaje de un atleta al que siempre he tenido mucho respeto por su calidad deportiva -aunque a medida que le he ido conociendo su calidad humana ha acabado eclipsando a la primera- que me animaba a volver a intentarlo y a no rendirme. Le hice caso y en el 2013 corrí en 2h39’50”. Hasta hoy. Le debo mi romance con la maratón. Este atleta, Albert Giné, tras años de ultratrail, quiere correr un gran maratón en Barcelona y correría los 30k ofreciéndose de liebre.

El nuevo circuito sería muy duro, dos vueltas de 15k rompe piernas y los 12 definitivos para rematar la faena. Debo decir que la nueva dureza me ponía y mucho. Suelo entrenar por parte del mismo y me sentía preparado.

Luchando codo a codo

Cinco minutos antes de la salida guardo el reloj en la mochila. Como siempre, será sin reloj y sin geles. La estrategia que me funciona. Correr sin mirar el reloj me libera de cualquier presión adicional. Me relaja, corro por sensaciones. Y como en todas las tiradas largas no tomo geles he acabado trasladándolo al maratón evitando problemas digestivos o flatos.

Cuenta atrás y salimos. Mi actitud con la maratón ha cambiado pasando del miedo al respeto. Así que enchufado y decidido a los pocos kms ya estamos la grupeta principal enfocados y acompañados. Se suceden de una forma natural los relevos en el grupo. Refugiándonos atrás ante leves crisis y tirando del grupo en los buenos momentos. No falta la tradición y algún hachazo francoliniano se produce. Completamos la primera vuelta en 56’ altos –reloj de meta- los cinco que quedamos el grupo. La 2ª vuelta comienza con una ascensión al mirador del Mediterráneo, le siguen unos 4k de carretera ondulada y vuelta atrás coronando otra pequeña cima –con su dolorosa bajada- antes de concluir la 2ª vuelta. 1h53’ para los 30k. A medida que han ido pasando los kms me voy encontrando muy seguro. Por vez primera veo claramente que no voy a desfallecer ni de broma en los 12k que me quedan. Es una sensación extraña y quizás alocada.

Km 41, pa meta!


Uno de los protagonistas que me acompaña es conocido como Mr Podium. Si voy junto a él tengo por seguro que, por un lado voy a un buen ritmo y estoy haciendo una buena carrera y por el otro que será dificilísimo ganarle. Es un zorro menos viejo que yo a quien admiro desde antes de conocerle personalmente. Hemos entrenado muchos días juntos y sé que está fuerte. Ambos hemos competido mucho en pista y bajo el síndrome de la calle uno vamos golpeando respetuosamente nuestros codos sin pausa des del principio de los tiempos.

Albert entra quinto en los 30k señalando el camino sub 2h40’, metros antes le digo que voy bien, nos despedimos e iniciamos los 12 finales…codo a codo. La batalla será más mental que física. Siento que me queda una marcha más y visualizo un salvaje sprint final por el bronce absoluto de Catalunya y el oro de 45-49. Tira uno, tira el otro pero no nos despegamos ni de casualidad.

Recompensa del picapedrero


En el 2002 (no en 1973) volví de Torremolinos, estatal de media, con Roger Roca. Hicimos planes, fiché por el Igualada…e inicié el largo y oscuro sexenio de las lesiones. La zen y poética circularidad de la historia ha hecho que compartamos podio quince años después quitándonos un pleno kalenjin que nos hubiera puesto en el mapa como el auténtico Nike Oregon Project tarraconense.

Llegamos al 41 y casi sin querer me voy yendo. Me cruzo con el Comandante en Jefe que va a por su plata y con fuerza encaro la meta. 2h36’39” con unos 600 metros de menos me saludan al tiempo que levanto los brazos con euforia y satisfacción. Mi mejor maratón por sensaciones.

Lo dimos todo


Abrazo al Jefe y esperamos a Jorge que llega poco después de mí. Hacemos un Fiz-García-Juzdado. Me reencuentro con Albert, más abrazos y le comento que este día no nos lo quita nadie. A ninguno de nosotros, a cualquiera de los valientes que se enfrentó a sus retos…y los superó.

Llamadme abrazafarolas
 ¡Saludos!

Ilusión cumplida