I survived to Behòvia 2009

dissabte, 24 de novembre de 2018

En la pomada, again.

Una mañana de domingo...


Y tras los males, agosto fue prodigioso. Poco a poco, a cada sesión de calidad comprobaba la mejoría de mi estado de forma acercándome un poco más a mis hermanos kalenjines. No iba a tatuarme en mi puto pecho dónde estaban mis límites pero claramente veía que los 51 años no eran la barrera que me había llegado a creer.

Llegó Berlín, descansé 5 días a pleno pulmón y encaré mi siguiente objetivo, nuestro mundial de media particular en Tarragona. Tras 2años machacándome en soledad este verano comprobé que quería volver a entrenarme, esto es, a gozar de cierta anarquía apostando por el entrenamiento colectivo y sacrificando la sabiduría de Luís del Águila quien, por otra parte, seguirá llevando mis entrenamientos de fuerza. Desde finales de septiembre a finales de noviembre trabajaría ritmos rápidos y no miraría el volumen antes de encarar la preparación de otro maratón. Y así ha sido.
 


Rodeado de colegas de sufrimiento


Tres semanas después de Berlín comencé, tímidamente, con la calidad. Lo justo para llegar a un 10k en ruta, en La Galera, donde quería estar porque dan unos trofeos magníficos fruto de la milenaria tradición de alfarería local. Corrí en 36’ justos y me llevé el trofeo de mi categoría. Me encontré falto de ritmo pero solo habían pasado 20 días desde el maratón así que lo di por bueno. Octubre sería, eso sí, un mes de pico y pala. La idea era que, con 3 sesiones de calidad a la semana, trabajara ritmos rápidos en series cortas –de 1k a 3k- y tempos a 3’30”, el ritmo objetivo en la media. En noviembre tenía otro 10k y ahí sí habría un test definitivo. Pero las series fueron de bien a mejor y encadené algunos de los mejores entrenamientos en años en uno de los mejores escenarios locales y que desconocía: el hipódromo de Vila-seca junto a Port Aventura. Vueltas de 950m en una superficie blanda que enlentece un poco -lo que no mata…- pero que castiga mucho menos que el asfalto. Un día con 10x1k, recuperando 1’ que hicimos entre 3’19”-3’22” y otro con un tempo de 8k (3’28”) más un km en 3’16” me convencieron que había llegado a un nivel con el que ya no contaba y con una reacción instintiva que me sorprendió. Habitualmente con la gente con la que entreno adopto un rol más pasivo, sin atreverme a dar relevos porqué bastante tengo con seguirles. Pero tras 2k en el tempo se cortaba el grupo con el fiera que iba a la cabeza y decidí responder, tirar y volver a cerrar el grupo. Tras un par de años sin actuar así me sentí contento y vi que podía comenzar a ser ambicioso. Recuperaba mi confianza atlética.

1r km y les pillo


En Jesús (pedanía de Tortosa que cuenta con mi simpatía si inician un proceso de autodeterminación) salí conservador debido al barro acumulado, alcancé al grupo antes del primer km y juntos seguimos hasta el km 9. Un 3’20” y un 3’17” finales atestiguan que corrí fuerte aunque me quedó la duda de si hubiera podido sufrir más al final y dar algún susto. Pero estaba tan satisfecho de haber vivido la carrera en primera persona y hasta el final que quizás, solo quizás, no supe sufrir del todo –algo facilísimo de escribir por aquí y difícil de ejecutar a 500m de meta-.

Esa bonita pomada


37’45” en julio, 36’ en octubre y 34’28” en noviembre como metáfora del picapedrerismo.

Anti aging

A un día del mundial de media, las señales son excelentes. 

¡Saludos!