I survived to Behòvia 2009

dimecres, 22 de març de 2017

Un señor Coach

Este año el milagro fue estar y acabarla


Faltan 5’ para la salida del maratón de Barcelona y a 15 metros de mi, tras la valla, veo a Jaume Leiva (2h13’) hablando con su entrenador, Domingo López. Últimas palabras de ánimo, consejos, quizás solo necesitan mirarse. Se abrazan y Jaume se va para la salida.

Yo quiero ser así. Quiero ser un señor mayor, más aún, a pie de pista junto a mis pupilos. Como el Coach Bob Larsen y Meb, el Coach Joe Vigil y Deena, Don Renato Cánova y Florence o el Sr Gregorio Rojo (QEPD) y José Manuel Abascal. A mi nivel pero como ellos.

Estoy más nervioso que en mi maratón dos meses atrás y, paradójicamente, sé con total seguridad que no voy a acabarla. Voy a acompañar a mi amigo Enric, a quien entreno desde hace un año, en los primeros 30 kms de su tercer maratón. 3 semanas atrás hice lo mismo en Castellón con mi otro discípulo, Josep Maria, aunque este tenía otro objetivo tras un invierno de dolores y molestias. Estábamos más pendientes de cómo respondía su cuerpo que de sus ritmos.

Si me queréis, "irse" más cerca de mi
Tras Castellón corrí la media de Cambrils. Era el último test de Enric y yo tenía claro qué marca valían sus piernas. Lo hicimos bien -1h19’00”- y fue un chute de confianza para BCN pero lo más importante fueron los errores que cometí. Las dos semanas siguientes fui analizando la carrera y me di cuenta que habíamos corrido demasiado separados. En algunos momentos pensé que se quedaba cuando en realidad mantenía el ritmo y la distancia. Hubiéramos podido correr 30” más rápido.


La idea en BCN era correr a 4’2” hasta el km 30 y allí dejarle los más preparado posible para romper la pana en los 12k finales.
Mis objetivos eran dos. Ir con mucho cuidado en la salida para no caer ni perdernos y mantener el ritmo constante. Lo primero por razones obvias y lo segundo para ahorrar el máximo de energía posible. Las instrucciones eran fáciles. Mantenerse pegado a mi hombro justo atrás durante 30 kms y durante la semana haber hecho ejercicios de visualización del recorrido que le quedaba.

Trío de kalenjines con la lección aprendida


Salimos vivos del primer quilómetro, un atleta de nuestra zona se nos unió y fuimos dejando que el asfalto de Barcelona se deslizara por debajo de nuestras zancadas. Es este un gran maratón. Tiene un recorrido emblemático en una ciudad donde no es fácil y lo más difícil de conseguir: un público entregado.

Pronto me di cuenta que mis piernas iban muy bien. Me era facilísimo mantener el ritmo previsto. Primer bucle de 10 k y tras volver a pasar por la zona de la salida el rugido del público hace que mantenerse frío y a ritmo sea una virtud más en el complejo ejercicio maratoniano.

Passeig de Gràcia, la Sagrada Familia, la Meridiana que nos permite ver a los primeros…seguimos muy bien cuando cruzamos la media en 1h25’6”. Pasamos por el 25, enfilamos la Diagonal y solo me queda dar las últimas instrucciones. Ir por sensaciones y no quedarse con ningún grupo. Cuando llegas fuerte al último tramo de un maratón adelantas a cienes de atletas que van más lentos que tú. No hay grupo posible, es un territorio de individualidades.

En la habitación del hotel recibo la llamada. Me confirma las buenas vibraciones que se han ido produciendo a lo largo del día. 2h49’58”. Eufórico reflexiono sobre todo el proceso vivido. Se crea una relación intensa, más allá de la amistad, que puede parecer sadomasoquista en ocasiones y que proporciona satisfacción a muchos niveles. Quiero seguir creciendo por esta vía.

¡Saludos!

dimecres, 15 de febrer de 2017

El poso.

Y los Hanson brothers estaban ahí


De los viajes y de los maratones se disfruta la preparación, la acción y el recuerdo. Este último, revisitado, va conformando el poso, la experiencia que nos acompañará hasta donde nuestra memoria alcance.

Tras mi último maratón, a lo largo de los días he ido fijando las sensaciones vividas, los pensamientos en carrera…reflexionando acerca de nuevos descubrimientos sobre mí, sobre la distancia y sobre la preparación.

Y pendiente de ordenar las ideas, un artículo muy interesante -3 lecciones que atletas profesionales han aprendido de sus primeros maratones- ha acabado de excitar más, si cabe, mis memorias vividas.

Tras cinco años consecutivos bajando de 2h40’ auto entrenándome, leyendo todo lo que puedo de forma apasionada, me siento capaz de hacer cierto balance al tiempo que veo una evolución lógica en mi preparación y, sobre todo, en mi aproximación mental a una batalla de este calibre.

Neely Spence Gracey. Entrena tu cerebro.

Esta atleta de 2h34’, se sorprendió en su debut de la carga emocional que conlleva una maratón y de ahí infiere la importancia de la preparación mental junto a la física. Mientras muchos corredores se preparan para el dolor físico, muy pocos toman en cuenta el agotamiento mental que supone. Hay mucho tiempo en carrera para las dudas, los pensamientos negativos y las distracciones de nuestra tarea principal. Se necesita un gran esfuerzo consciente para estar tranquilo, positivo y concentrado en el momento, sin dejar que los pensamientos vagabundeen a su libre albedrío. Por eso en sus tiradas largas a ritmo y también en carrera pensaba en cada paso, en cada respiración, en el momento. Es el maratón zen y en consecuencia los mantras –permanece concentrada, nunca rendirse, zancada fluida, mirada al frente- le son útiles para circunnavegar el dolor de los peores momentos y seguir adelante. Servirá aquello que recuerde estás luchando por tus metas.



Nelly con su padre Steve, bronce en maratón Tokio 1991


En mi caso, corrí con los deberes muy bien hechos. En mi relación con la maratón he pasado del miedo al respeto y ahí me voy a quedar. En esta última ha sido cuanto más seguro me he encontrado, hasta el punto que en el 30 sabía con total seguridad que iba a acabar y bien. Corrí muy concentrado, disfrutando de lo que estaba viviendo, chequeando mi cuerpo y los últimos 12 dedicado en exclusiva a pensar en el sprint que sin duda iba a disputar con mi colega kalenjin. Sin dudarlo, fue en Comrades cuando descubrí que en la larga distancia la clave está en la mente y no en las piernas. Los 90 kms fueron una experiencia reveladora. Tiré de mantras en los momentos más duros –que los hubo y salvajes- y tras cruzar la meta rompí a llorar como nunca antes en una carrera.

Matt Llano, chico Hoka, chico NAZ


Matt Llano: planifica tu avituallamiento en carrera.

Antes de su debut (con 1h1’ en media imaginaba bajar de 2h10’) cometió su primer error al subestimar la necesidad de nutrirse y, en consecuencia, de entrenarlo previamente. El día D, este maratoniano de 2h12’28” se encontró con unas condiciones para correr que rozaban la perfección. Temperaturas por debajo de los 10 grados y sin viento. Llegaba a los avituallamientos y pasaba de largo hasta que a los 32k se dio cuenta de que era demasiado tarde. La pájara fue histórica. Y es que sin fuel es muy difícil mantener el ritmo previsto.
A partir de ahí se concienció de lo fundamental que es nutrirse bien en carrera y en las tiradas largas iba probando combinaciones de líquidos y geles hasta que dio con la alquimia que le funcionaba perfectamente.

Del grupo de Flagstaff (Az)


En este plano, reconozco que me salgo de lo normal porqué en mis dos maratones más rápidos, 2016 y 2017, no he tomado ni un gel. He bebido, eso sí. Previamente añadiría que cada atleta debe encontrar la combinación de alimentos que su estómago mejor acepte. Y entrenarlo. En mi caso, preparando la maratón del 2016 me di cuenta que por una cosa o la otra acabé haciendo las tiradas largas sin beber y sin comer. Sudo muy poco y me cuesta tomar geles así que cuando llegué al 32 y fui a por un gel de los que ponía la organización me lo pensé dos veces. Iba bien y rápido y el riesgo –un gel nuevo, no suelen sentarme bien en carrera- no compensaba su aporte energético. Si bebí Powerade que algo de energía aporta. Y como me funcionó este año ya lo hice deliberadamente. Y si pude correr 33k por debajo de 4’ entrenando podría correr 9 más sin geles. Y así fue. Pero en este campo no hay consejos que valgan: pruébense ustedes qué les funciona.

Ganando los Trials del 2016


Amy Cragg: ser consistente y no perder nunca el respeto a la distancia.

La ganadora de los Trials USA en el 2016 pasó, cuatro años antes, por el calvario de quedar cuarta y rozar la plaza olímpica (que consiguió en los 10k). Su error fue que tras dos maratones con el mismo tiempo, 2h27’3”, llegó confiada a los Trials y perdió. Cuando en carrera le llegaron los malos momentos -que siempre llegan y más a su nivel- no estaba preparada para gestionarlos, porque había perdido el respeto a la distancia incluso entrenando. Se había confiado. Aprendió qué significa la Distancia y que lo más importante y eficiente era ser consistente y realizar buenos entrenamientos a lo largo de todo el periodo específico. De nada sirve una semana brutal de entrenamientos seguida de una mala semana. Un atleta preparando un maratón es un monje y debe levantarse, entrenar, comer...siempre a las mismas horas –los pros, claro- con la vista puesta en el gran objetivo: la maratón.


Recogiendo a nuestra Shalane


En septiembre, entre que me vine arriba entrenando con colegas mucho más rápidos que yo y un accidente doméstico que casi me mata no pude entrenar como me hubiera gustado. Sin darme cuenta llegué al periodo específico más flojo que lo deseado. Mi única media confirmó mis temores, bajé de la hora diecisiete por los pelos. Pero conseguí picar piedra semana a semana y pasé, en 10 semanas de agonizar a lo largo de 18k a 3’55” a disfrutar 33k a 3’57” acabando los dos últimos en 3’30”. Ya estaba preparado y todo se lo debía a la consistencia y al sacrificio (abandoné dos cenas de navidad antes de medianoche para entrenar bien al día siguiente). Hora dieciocho por dos lo avalaron.

Suerte en sus próximos maratones.

¡Saludos!