I survived to Behòvia 2009

divendres, 20 d’abril de 2018

Boston 2018. El año de los picapedreros.

Declaro oficialmente el 16 de abril como el Día mundial de los Picapedreros…porque de ellos será el Reino de los Cielos. 48h después, aún recuperándome del shock tras ver un espectáculo épico que culminó -esa puta guinda del pastel- con una doble justicia poética que nos redime ante tanta inmundicia vital.

Creía insuperable el 2014 cuando Meb cruzó primero en Boylston Street tras una persecución agónica en la edición posterior al atentado terrorista -mis saludos a Llarena- pero se superó.

3h antes de salir...debió ser muy duro
Como cada lunes posterior al 3r domingo de abril, Patriot’s day, el iPad y el móvil, la hermandad kalenjin y la libertaria del ATE estábamos pendientes de otra edición, la 122, del mítico, el más grande maratón del mundo, Boston. Boston strong.
  


La primavera en Nueva Inglaterra es caprichosa y la franja climática puede llegar a oscilar entre los 5 bajo cero y los 36 grados, con todo tipo de vientos. Recuerdo en el 2012, la segunda edición más cálida de la historia, cómo la semana previa íbamos recibiendo avisos de la evolución de la previsión meteorológica hasta que el día anterior a la carrera nos informaron del peligro que supondría correr a 33 grados, animándonos a no participar si no lo teníamos muy claro y reservándonos un dorsal para la edición siguiente.

Primeros errores...con el textil


Esta edición me ponía especialmente palote. El duro trabajo de los diversos grupos de entrenamiento norteamericanos –redondeamos la justicia poética, el primer grupo que se formó fue el de los hermanos Hanson, el Hanson-Brooks Distance Project, el equipo de Desi- les había equiparado a los mejores atletas africanos. Sobre todo en mujeres, con Jordan Hasay (2h20 en Chicago), Shalane Flanagan tras su victoria en NY, Molly Huddle (1h7’ en media en enero) y Desi Linden, quien en el 2011 se quedó a 2” de la victoria y una de mis favoritas por su personalidad, carácter e inteligencia. Recuperándose de Tokio se quedaba Amy Hastings con 2h21’.
En chicos Galen Rupp llegaba pletórico con su sub 60’ en la media de Roma y su victoria otoñal en Chicago tras correr del 35 al 42 a un ritmo de 2’45”/2’50”.

¡Dales caña Yuki!


No seguí mucho la previsión del tiempo así que me encontré el lunes con fuertes lluvias, viento de cara –el recorrido es de oeste a este- y menos un grado centígrado. Y lo primero que pensé fue en los populares, que llegan 3h antes de la salida a un descampado, eso sí con cafés, donuts y lo que quieras pero a la intemperie, que las carpas no tienen paredes. Comenzaba tu muerte lenta si no habías sido previsor antes de hacer un solo metro.
Ambas carreras fueron por eliminación. Nunca mejor dicho porqué hasta 25 pros abandonaron por episodios de hipotermia y de los que llegaron conocieron el infierno como Molly Huddle quien pasó del km 39 al 42 de la posición 4ª a la 16ª, perdiendo incluso parcialmente la visión. Agonía en estado puro. Generalmente, aunque lleves 30 años entrenando, cuando te enfrentas a situaciones nuevas cometes errores de principiante y el lunes fue un día para cometer muchos errores con respecto a la equipación con la que competir. No era día para camisetas imperio y manguitos excepto que seas un súper onvre. Un samurái.

OMG


Decía Bill Rodgers que en sus cuatro victorias en Boston siempre se había sentido mal físicamente hasta llegar a las Newton Hills, las 4 subidas que van del km 22 al 32 que culminan con la mítica Heartbreak Hill, la pendiente de 800m tras la cual ya enfilas los últimos y planos 10k camino de la meta. Quizás por eso siempre se me ha atragantado Boston, he llegado bien a las cuestas y he salido de ellas muerto.


Igual que a Bill le pasó a Desi. Llegó tan mal que había decidido retirarse y antes de abandonar, ¿por qué no ayudar? Se ofreció a Shalane y la devolvió al grupo cuando esta se detuvo en un baño. Después, al ver que la etíope Daska se había escapado se puso a tirar del grupo para que Molly Huddle recuperara sus opciones de victoria. Y al llegar a Heartbreak Hill se dio cuenta que iba 3ª, que la etíope estaba finita y que la keniata Chesir, quien era su única acompañante, no la podía seguir. Las pasó y se fue en busca de un sueño hecho de realidad, de picar piedra año tras año en los duros inviernos de Michigan. E hizo Historia. Y detrás de ella cuatro atletas con trabajos de 40h/semana si no más…dos enfermeras, una profesora y una dietista. Incluso esta, al no haber salido con la élite si no con el pueblo llano no tiene derecho a los 15.000$ del 5º puesto (esperemos que el BAA se ponga las pilas y se los abone). Y si hay que hacer un Verkami, se hace.

He visto ganar a Desi, he vivido una vida plena
Y en hombres de verdad lo que parecía imposible se convirtió en realidad. Nuestro Kawauchi ganó en Boston porqué los Dioses escucharon nuestros cánticos y pregarias. Con 5 grados bajo cero y vientos frontales de 50 kph nuestro kamikaze se marcó un 2’39” de salida, puso mil veces en fila al grupo y cuando analizábamos la previsible victoria de Kirui a través de su zancada en solitario a falta de 1 milla le vimos diluirse en ritmos de 5’/km y superiores al tiempo que una sombra suicida aparecía del fondo a 3’10”/3’15” fulminándolo mientras enfocaba una meta que desconocía que iba a cruzar primero. Y sí, ganó con toda la lógica. Con 77 maratones sub 2h20’ –¡habiendo ganado el 1 de enero un maratón cerca de Boston a 23 bajo cero!- nadie pude discutir que es un tipo duro que corre al límite en cada competición y que ha sido premiado con la victoria más grande, justo 31 años después de la última victoria japonesa. Justo el año que nació Yuki.


23 bajo cero, WTF!
¡Saludos!