I survived to Behòvia 2009

dijous, 17 de novembre de 2016

Behobia 2016.

En modo Pre
Sigo mi romance con la Behobia y tras un año de ausencia, por causas mayores, he completado la que ya es mi sexta Alameda del Boulevard de los sueños cumplidos. Se me ocurre, ahora que estoy más cerca de las 10 ediciones, que molaría algo semejante al Green Number de Comrades, un dorsal fijo y definitivo por haber alcanzado dicha cifra. Y una txapela.




El día anterior, exhausto y aborrecido de las retenciones hasta en los párquines, pensé que sería la última. No lo será pero mi aproximación será distinta, meramente deportiva y dejaré el ocio y el placer para otro viaje. San Sebastián bien se merece más de una visita anual, alimenta el espíritu y en modo otoñal es imbatible.

Enamorado de Donostia y del otoño


Este año mi forma y mi edad no anunciaban una cuarta hora diez sino que me veía en hora doce. Pero como es uno de los escenarios donde me vengo siempre arriba, quedaba la duda.

Por otra parte, hacerla junto a mis amigos Enric i Jordi, que debutaban, era un aliciente, una ilusión más para mi colección extensa de instantes eternos.

Si me queréis, seguidme!


En un día ideal para correr pero sin la épica de otros años (un poquito de lluvia torrencial) salí dispuesto a ver qué tal estaba, cómo se iban consolidando mis entrenos. Huyendo de la estampida inicial vi que el primer km lo pasaba en 3’35” y el segundo en 10” más. No hacía falta mirar de nuevo el reloj, a partir de ahí una gorra blanca (Santi) y una camiseta naranja (Jaume) me servían de referencia, a lo lejos, durante ¾ partes de la carrera. Mientras les veía, iba bien.

Elogio del quadríceps


Por primera vez, con la excepción de mi primera Behobia que no cuenta, no pillé autobús alguno, me la comí en solitario y eso gusta menos. En la primera subida seria me sorprendió lo fuertes que iban un atleta con diversidad visual y su guía. Coronada la cima me adelantó una grupeta apetecible a la que fui incapaz de acoplarme. Seguí con aquella sensación que uno tiene, en ocasiones, de ir cerca del límite pero sin acabar de sufrir del todo y las dudas surgen, ¿corro más lento porque sufro menos? ¿Sé sufrir?


No acabo de entrar bien


Viviendo la carrera desde un prisma positivo, veía que cazaba a algunos atletas y que el alto de Miracruz cada vez estaba más cerca. En capítulos anteriores era donde soltaba mi hachazo (francoliniano) y dejaba al autobús buscando el cambio de rasante que te lanza hacia Gros, el Kursaal y la gloria bendita. No subí como siempre pero me defendí y pude disfrutar del final a conciencia, saboreando el público que abarrota como siempre el circuito, masivamente en su parte final. Los relojes novecentistas marcaban las 11h12’ de la mañana en mi largo sprint así que cumplía con mis expectativas y al ver el reloj de meta vi que tenía alguna opción de empatar con mis predicciones…pero fue 1h13’00”. Solo un par de años más joven me habría enfadado ligeramente conmigo mismo…ya no más. Seguiré corriendo competitivamente pero no más malhumores que años después devienen en auto reconocimiento y satisfacción.
3 eagle's boys, ¡jóvenes y con ganas!
En meta pude saludar a dos Eagle’s boys –de los que seguimos la religión de las poleas de Don Luís-, dos auténticos cracs como Santi Sierra y el inagotable maestro de maestros de corredores, Don Sergio Fernández Infestas. Y un lector de este blog tuvo el mérito de reconocerme y saludarme, algo que no tiene precio.

Tras dos meses de entrenamiento de fuerza bajo las órdenes de Luís del Águila me noto fluido y fuerte. Mis flexores de cadera están que se salen (muevo la pierna, muevo el pie, muevo la tibia y el peroné) y la recuperación de la Behobia ha sido quizá la mejor de todas. Buena señal.

Larga vida a la Behobia.

¡Saludos!