I survived to Behòvia 2009

dimecres, 25 de març de 2020

Indoor de nuevo

Sabadell y febrero, ¡qué tiempos!


En un ritual anual, al florecer de los primeros almendros acudimos a Sabadell a estrenar la temporada de pista cubierta. El 2020 se presentaba como una gran incógnita, muy cerca del maratón, pero con buenos entrenos de calidad, con los jóvenes de 50 que suben apretando y mi ímpetu juvenil. Que iba a darlo todo, era lo único seguro.

Una de las grandes características de este otoño e invierno ha sido el llegar a la maratón por abajo. No por volumen, que ha sido correcto, si no por la calidad. Series muy rápidas y generalmente por debajo de los 1000 metros, trabajando ritmos que sinceramente creía que solo formarían parte de mis memorias. Como el desgaste en los 42k fue menor que en otras ocasiones - ¿efecto Next%? - a los 10 días de finalizarla ya cayeron 10 x 800 a 2’30” y en otra sesión 8 x (400m a1’12”-200m a 33”). De hecho, esta última sesión, realizada 72h antes de la competición intuyo que algo influyó en mi marca. Los plazos de recuperación es lo que más se nota a medida que te vas haciendo mayor.

Poniéndolos firmes


En Sabadell salí contento con mi carrera. Quizás por el maratón, quizás por no haberme recuperado al 100% del último día de calidad, las piernas no estaban lo frescas que uno puede desear, pero estuve en la batalla y mi adversario me ganó con todas las de la ley. Me quedo con mi actitud. Antes, determinados nombres me intimidaban de oficio. Ahora puedo seguir admirándoles, pero sé que si me esmero entrenando podré con ellos. Pasamos el 1000 en 3’21” y acabé en 9’42”, lo cual significa que corrí en 6’21” el último 2mil. Bien.
Quedaba Braga, europeo máster indoor así que pensé que ir al de España máster en Antequera sería una buena opción para correr rápido. Además, tenía AVE directo desde Tarragona.

Fotaca del año


Viernes tarde recogida de dorsal y al firmar veo la lista de inscritos con sus tiempos. Muchos 9 veinte y pico y aquí cometo un error crucial: pensar que con esos tiempos ser finalista va a estar más que bien. Mentalmente me aparto de las medallas. Hay que trabajar la cabeza para cada competición. No darla por amueblada sin antes comprobarlo. Al igual que tengo claro que la medalla del mundial la gané con mi cabeza, en Antequera dejé de luchar por el podio 16h antes de la carrera.

No se observa pero son las 4% con clavos


En la carrera en sí disfruté mucho. Mola mucho la gestión de la tensión precarrera, la cámara de llamadas, los últimos minutos antes de la final. En carrera, tras una primera vuelta, decidí tirar del grupo y marqué el primer 1000 en 3’15” y el 2º en 3’17”, a partir de ahí fui superado -lo esperaba y no opuse resistencia; la derrota mental del día anterior- llegando a ir octavo a falta de 2 vueltas. Pude recuperarme y ser 5º con 9’39”, muy satisfecho con un último 1000 en 3’7” y un último 400 en 1’9”. Un mes después del maratón era una magnífica señal.

Acabar ganando un sprint y como que te vas más contento a casa
 Siguieron mejorando los entrenamientos y a la semana siguiente, el martes con el clásico 400-200, yéndonos hasta el 1’9” y los 33 bajos y el jueves con 4x1250m a 3’19” me hizo soñar con Toronto.

Y vino el confinamiento. Y se suspendió el sueño que me hará más fuerte el día que volvamos a la anormalidad. Si no palmo.
Y como confinados estamos, una mínima vuelta a la pseudo-crítica literaria, género que tenía abandonado completamente en el blog.

A mi derecha un diploma olímpico en Atlanta'96: poca broma


A cold clear day nos cuenta la biografía atlética de Buddy Edelen, un norteamericano afincado en Inglaterra que tuvo el récord del mundo en maratón con 2h14’28” a principios de los sesenta, batiéndoselo a un tal Bikila.
Tengo la fina perversión de leer acerca de estas vidas de locos por el correr que antepusieron los placeres juveniles por una vida de dedicación absoluta, en sus mejores años, al atletismo. Seguramente porqué yo no fui tan valiente como ellos.
¡Saludos!