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Ese gemelo más fino que el de Zugasti |
Supe
de Luís del Águila hará casi una década, cuando los blogs eran mainstream y no existían los hipsters. Comencé a seguirlo –ahora
reconvertido en una de las principales webs sobre entrenamiento y la más
avanzada indiscutiblemente- y fui descubriendo al gran atleta veterano que era
–Campeón de Europa de 10.000- y con una gran formación –Doctorado en Fisiología
del ejercicio-. Coincidíamos en algunos campeonatos de veteranos e íbamos
hablando sobre nuestra pasión común, el atletismo.
Yo
seguí auto-entrenándome pero cada vez tenía más ganas de trabajar con él. Y ya
cuando nos mostró en sí mismo las posibilidades de la estimulación
neuromuscular como entrenamiento de fuerza tomé la decisión. Así que en el
verano de 2016 se convertía en mi entrenador de fuerza. A los dos meses habían
desaparecido mis habituales molestias de la zona púbica –y mis dolorosas
sesiones de punción seca- y cuando corría me sentía muy fluido, sensación muy
agradable y placentera. En enero del 2017 quedé 3º absoluto de Catalunya en
maratón a mes y medio de mis 50 y en febrero se convirtió en mi entrenador
total con la vista puesta en Comrades.
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El Comandante y Tòfol |
Aunque
no llegué a correr en Sudáfrica porqué algún bicho me dejó KO10 días antes, sus
entrenamientos –divertidos, específicos- me abrieron la mente con respecto a lo
que era capaz de soportar y cuanta piedra debía picar si quería competir acorde
con mis ambiciones. Descubrí lo que era entrenar de verdad. Fueron 4 meses con
semanas de hasta 140 kms, entrenamientos que nunca habría pensado que era capaz
de finalizar y crecí muchísimo, tanto como atleta como persona. Ya había
conseguido el primer y mejor objetivo. Tras recuperarme del virus y antes de
marcharme de vacaciones lo vi claro, quería correr el Campeonato de España de
maratón a celebrar en Palma en octubre. A la vuelta del viaje a la meca
(Oregón) vi que iba un poco justo de forma y tiempo (11 semanas) pero sin prisa
y sin pausa me puse a completar todos y cada uno de los entrenamientos.
Trabajando los umbrales con el pulso mi estado de forma fue mejorando semana a
semana hasta que a falta de 20 días para el maratón completé dos de los mejores
entrenamientos de siempre como veterano. Un 2x8k a 3’35” y a 3’31”, recuperando
3’ y 10 por mil a 3’24” con un minuto de descanso. Estaba en mi mejor estado de
forma en años. Solo tenía un hándicap que no me afectaba al correr pero sí al
entrenamiento complementario. Un accidente doméstico acabó generándome una
tendinitis del supraespinoso y desde antes del verano no he podido trabajar
nada del tronco superior. Estamos en ello.
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Ni un p... metro más |
Así
pues, el Comandante en Jefe y servidora volábamos a Palma el sábado por la
mañana. Dos días antes, pensando en los detalles caí en que si en Tarragona
corríamos en pechoblogging inundados de sudor en Palma no habría pingüinos en
la playa. Así que camiseta y gorra blanca, todo por la patria. Y sí, al ir a
recoger el dorsal el sol caía a plomo en modo saharaui. Mi táctica de 3’45”
hasta el 25 y luego acelerar la dejaba de lado y me ponía en modo conservador.
Ya había corrido una maratón con calor y fue el infierno en vida. Tarde de
descanso total. Horizontal. Ahorrando hasta la última caloría.
Y el
domingo amaneció peor. Yendo a la salida la temperatura era de 22 grados y
subiendo. Garmin
en modo ritmo medio y con la idea de correr a 3’50”. Al poco hicimos un grupo
de 4 y al ritmo previsto corrimos los primeros 12k paralelos al mar. Pero se
acabó la fiesta al llegar a la parte vieja, histórica, de Palma. Callejeo
continuo, giros, subidas, bajadas, adoquines…mantuvimos el ritmo pero con un
gasto energético excesivo e invisible. En el 22 comenzamos la 2ª vuelta y se
rompió el grupo. Aguanté hasta el 26/27 a ritmos más rápidos y vi venir el
calvario. Los rayos del sol no compensaban el agua bebida y la presión interna
del sufrimiento estallaba contra los participantes del nordic walking a los que
había que ir esquivando al tiempo que los niveles de estrés subían y subían en
un crescendo de histeria porqué a partir de aquí ya no dejé de evitar
participantes de los 10k, caminantes y turistas. Un desastre total. Y así
llegué al 32, donde volvíamos a la ruta histórica. Iba 1º de mi categoría pero
mi preocupación era llegar a meta, no ganar. Soñaba con la camiseta de Galen
Rupp. Aguanté ritmos sub 4’ hasta el 38 y los últimos 4 sobreviví. En el 39 me
pasó el futuro Campeón de España quien dosificó excelentemente la prueba. Bravo
por él. Flato por lo bebido, sensación de vacío y anchos nórdicos que ocupaban
las estrechas calles del centro fueron los demonios que me acompañaron a meta.
Y llegué, ganando una plata a pulso. 1h21’ + 1h24’ que no refleja el
sufrimiento de la 2ª parte y con la satisfacción de haber dado hasta el último
gramo de energía habiendo conseguido aquello por lo que había luchado tanto.
Hay pocas satisfacciones mejores que las de fijarse un objetivo y trabajar duro
por conseguirlo. La doble recompensa del camino –hubo días de tiradas largas
acompañado de algunos kalenjins en los que me llegué a sentir Eliud- y la del podio.
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Plata currada |
Dejo
la maratón hasta Berlín 2018 y me centro en el cross y la pista cubierta. Con
ganas de más. I love this game.
¡Saludos!