I survived to Behòvia 2009

dissabte, 25 d’abril de 2015

Corazón de napalm

Run Gerry, run

Cae la tarde primaveral en las pistas de una ciudad de provincias y la combinación de olores a tartán y polen activan la memoria de mi adolescencia atlética. Aquellos olores de aquellas tardes de entrenos y amoríos jóvenes después del instituto, cuando combinábamos las series de mil y nuestra explosión hormonal. Nostalgia.

Proclamaba el Coronel Kilgore en Apocalypse Now su amor al olor del napalm por la mañana. Mi olor a tartán en las tardes luminosas de abril y mayo.



Acompaño mi recuerdo con la lectura del libro Whenrunning was Young and so we were, una recopilación de los artículos publicados durante 20 años sobre el atletismo de fondo norteamericano por Jack D. Welch desde finales de los setenta.


Por mis antecedentes, con familia en los USA y suscripción a la revista Runner’s world americana por aquella misma época, muchos atletas me son muy familiares y ya he sido fan de muchos de ellos (y ellas). Habla de atletas que llegaron a lo más alto (mantenerse es muy difícil por las lesiones; más en aquellos tiempos), de carreras clásicas, de mitos (Joan Benoit, Alberto Salazar, Bill Rodges y Mary Decker), de fabricantes (muy interesante el perfil de Phil Knight)…en definitiva sus páginas me transcurren muy rápido entre las manos, casi tanto como las series que hacía en aquellos tiempos.

Quizás porque lo descubrí mucho más tarde me quedo con las reflexiones de Gerry Lindgren, uno de los talentos más precoces del atletismo norteamericano (su récord en 5.000 de 13’44” con 18 años, sólo lo pudo batir un tal Galen Rupp, ¡40 años después!).


Gerry, con 18 años, no fue campeón olímpico en Tokio por una estúpida lesión en un tobillo. Sí ganó su compatriota Billy Mills a quien Gerry había apaleado en los Trials unas semanas antes. Su estoico régimen de 320 km a la semana Inspiró en el duro trabajo y esfuerzo a toda una generación de atletas que protagonizó la década de los setenta. Hablo de Frank Shorter, de Steve Prefontaine, de Boston Billy. Así pues, sus consejos son sabios. No cree en el talento sino en la actitud. Ser protagonista en carrera, hacer que las cosas pasen a partir de una estrategia cuyo origen está en el entrenamiento, en el trabajo duro.
  
También merece ser destacada su heterodoxa visión de las lesiones. Las cuales considera una bendición porqué permiten, de un lado que el cuerpo descanse –seguramente, la misma causa, el cansancio, de la lesión- y por otro, a nivel psicológico, nos dan hambre de volver a entrenar, de hacer las cosas bien, de reflexionar. Y como en una dinamo, la energía acumulada saldrá una vez hayamos sanado. 
Pre también admiraba a Gerry


Placenteramente entregado al bucle melancólico y sentimental aliñado con algunas tristes e inaplazables experiencias vitales sigo en lucha para encarar con muchas ganas 3 buenos meses de entrenamiento más centrado ahora en la pista y en algunos mundiales locales que se acercan camino de la primera semana de agosto cuando espero competir en Lyon en el mundial de los de mi grupo de edad, ¡oh yeah!

Amo el olor a tartán y primavera a últimas horas de la tarde.

¡Saludos!