I survived to Behòvia 2009

diumenge, 27 de juliol de 2014

The Art of Competition.

La Biblia


Doy por finalizada la temporada habiendo aprendido hasta el último segundo, sorprendido, satisfecho y emocionado. Releyendo esta semana Running by Feel, libro que considero esencial, me sentía totalmente identificado con su autor, Matt Fitzgerald, quien tras años de estudio de este maravilloso deporte  explica que sigue mejorando día a día su conocimiento sobre el mismo. 


En un artículo en RT, So good for so long,  analizaban las claves que habían llevado a Meb a ganar en Boston con 39 años y mejor marca personal. 

Destacaban que suplía su menor volumen (los años, las lesiones) con un fuerte trabajo de técnica, casi diario, y de core (PreHab) entre otras muchas pequeñas cosas, the small things, que significan mucho. 

Si visteis Boston 2014, cuando aún destacado a falta de dos millas la distancia con su perseguidor, el keniata Chebet, se había reducido de 81” a 6”, Meb en lugar de entrar en pánico se concentró en la técnica, en su postura -donde aterrizaban sus pies, en su cadera, sus rodillas, brazos, cuello, donde enfocar su barbilla- y en un final de ensueño aumento la distancia fluyendo en la elegancia mientras Chebet perdía la compostura y comenzaba a sufrir por su segundo puesto. Añado que las ventas de Skechers en su división deportiva han crecido un 37% en el segundo trimestre de 2014.
 


Postura, que NO postureo


Ayer corrí una de las grandes clásicas del calendario catalán, en L’Espluga de Francolí. Quería haber finalizado la temporada dos semanas antes – ¡el espíritu de Santes Creus!- pero al verme en un estado de forma tan bueno decidí inscribirme y alargar dos semanas más la calidad, con gimnasio y desniveles (Llorito!). 

Es una carrera especial, son 15 kms en una tarde calurosa de julio y en un circuito que planea, es un decir, por el pueblo 2k más 7 kms de subida (200 metros de desnivel) y 6 kms de descenso por la misma carretera. Es muy importante dosificarse porqué la subida se puede hacer muy larga y el descenso terrible. Creía fundado un posible top ten. Mi última vez había sido en el 2000, 18º con 54’33” y 33 años.

Voy con un margen de confort y comenzamos la subida. Somos 3 y tenemos a 3 por delante. Como había planeado subía cómodo. Tanto que decido tirar de los 3 porque me da la sensación de que nos pueden atrapar por detrás. Nos quedamos 2. Me voy hidratando con pequeños sorbos y sobre todo me remojo para, sino bajar, si mantener la temperatura.

El tercero está a menos de 100 metros, a veces a 50 pero no consigo enganchar con él. Tengo ganas de llegar ya al 9’5 y de la cuesta abajo. Amo los falsos llanos. Me quedo solo y giramos hacia meta. Voy 4º, ni en el mejor de los sueños. 

Pero el descenso no va como yo esperaba. Un atisbo de flato no me deja correr cómodo. Lucharé por el top 5. No miro parciales en ningún momento. Sigo por sensaciones como en el 99% de mis carreras. Entre el 10 y el 11 me adelantan y voy quinto. Oigo las pisadas del sexto. Me acuerdo de Meb. No entro en pánico, no miro atrás en ningún momento –sería una desventaja psicológica auto infringida- y me concentro en mi postura, en mi respiración. Quedan 3 quilómetros. Las horas de PreHab que esta temporada hemos comenzado sirven y mucho, además de disfrutarlas intensamente; son mis pequeñas cosas. Voy  poco a poco recuperando sensaciones y comienzo a correr bien. El 3º y el 4º estarán a unos 100-150 metros. Ahora sí que voy como un tiro.


El momento L'Espluga de Mark ¿o fué mi momento Kona ayer?


En uno de los blogsmás estético y brillante de los que conozco me encuentro con Mark Allen y su nuevo libro. Mark Allen, budismo, mindfulness…no me digas más. Investigo, efectúo la pre-orden de compra y leo la web, veo algún video. Me encuentro con esta sentencia que me marca a fuego: The Art of Competition is when a physical, visceral experience—filled with sweat and pain, with extreme control and pure gut-wrenching strength—transforms into a flow of movement, where you stop thinking about victory or failure and just become a vehicle for a truly great performance. This is when competition is transformed into art.


¡Creo que lo recibiré con su firma!


Quedan dos quilómetros y The art of competition invade mi mente. Podría ser tercero. Dejo de pensar en el dolor que tal apuesta supondrá y me concentro en fluir, veloz hasta el final. A falta de un quilómetro adelanto a los dos corredores que iban delante y sin mirar atrás busco la meta. Llego 3º. (53’29”, 47 años). Me invade una sensación que nunca antes había experimentado. Ganas de llorar y de reír al mismo tiempo. No sé qué hormonas habré segregado pero ha sido casi místico. Tardo 10’ en calmarme. Sé que he roto una barrera mental y sé que ello lo exportaré a otras facetas de mi vida. Ya no seré el mismo nunca más. Seguir creciendo, ese es el camino.

¡Saludos!

PD: siempre valdrá la pena volver a ver a Meb

dilluns, 14 de juliol de 2014

A brotherhood of man (and woman).

The winners. Evasión y victoria.


Me comenta que le han comentado que incluso han llegado a telefonear a su abuela, ¡tres veces!, para que corra con tal equipo en Santes Creus. Era el mundial y la gente buscaba reforzarse y por ello se entiende. Yo mismo fui un testigo desnudo, en la ducha y tras unas dolorosas series del fichaje de un galáctico y no hubo pastillas de jabón deslizándose por el suelo. Lo prometo. La semana previa, hace ocho días, la presión iba en aumento. Los grupos de wattsapp pasaban en enloquecidos intervalos del silencio monacal, de clausura, al ruido estremecedor que puedas sentir una mañana de domingo de agosto al lado del altavoz de un after hours perdido en medio de los Monegros, colapsándose los móviles. 


Nuestro equipo mixto. Subía la media de belleza interior y exterior.


Y eso eran los nervios. Las hojas de Excel volaban de nube en nube acechando el orden de los participantes y quiénes eran estos. Actualización cuántica, inmediata. Se hablaba de keniatas. De medallas olímpicas. De resultados ya escritos. Que si era el destino. No se podía salir a entrenar, oigan, sin que a la mínima fueras interceptado e interrogado en la búsqueda constante del Santo Grial con sesiones copiadas de Abu Ghraib.  Quizás de Afganistán. Deseos de polígrafos. 


Lucha épica. Yo soy aquel.


Yo mismo llegué a informar a un amigo de los cambios que había experimentado la alineación de su equipo, tal era la ceremonia de la confusión. Había terror en el hipermercado si veías a un tipo fino y horror en el ultramarinos. Hasta Julio Iglesias metió mano al asunto. Y se entiende, era la final del verdadero mundial. Del campeonato mundial del Camp de Tarragona de Ekiden. Y como ya expliqué aquí, en el Ekiden mandan los sentimientos.


Julio lo sabía.


Nosotros a lo nuestro. Un año atrás fui testigo por lesión y le tenía muchas ganas. Tantas que a cinco semanas vista comenzamos la preparación específica. Física, ambiental y psicológica. Calidad con desnivel que vieron romperse en mil pedazos los récords del Boston Simulator y del Llorito. Calidad bajo el sol. Cohesión grupal. Liderazgo colectivo. Y estábamos fuertes, muy fuertes. Tops y pecholobismo descubierto que hubiera sido la misma envidia del Oregon Training Group (Salazar) si nos hubiésemos cruzado (con Rupp, Farah y Hasay, un poner). El día a día fue la recompensa.


Fucking Lloritos pensaba alguno...atención a la paparazzi



Y llegó. Y el día fue muy grande. Un espíritu de hermandad (ya vivido, en parte) de hombres y mujeres se apoderó del duro y revirado circuito y unos y otros nos animamos sin cesar a lo largo de 3 mágicas horas. Luchamos como fieras, dimos todos lo mejor de nosotros mismos e independientemente del resultado nos felicitamos al acabar. Todos sabíamos cuánto había sufrido el otro, que aquí no hay piscinas, ostias.

Incluso la luna se emocionó poniéndose de nuestra parte, circular y brillante. Nos lo habíamos ganado(todos). Picar piedra puede ser algo maravilloso.

Se agota la temporada (aún no del todo…L’Espluga) y septiembre nos espera en una hermandad maratoniana (y mediomaratoniana) interclubs que hará las delicias de aquellos que osen abrazarla. 

Somos monjes. Somos guerreros. Somos atletas.

¡Saludos!