I survived to Behòvia 2009

dilluns, 24 de juny de 2013

Correr, comer, vivir, beber y amar

Filosofía.


He querido jugar con los dos títulos de sendas obras que, aunque no lo parezcan de entrada, sí tienen mucho en común. Se trata de un libro inspirador, transformador en mi caso, y de una película que vi hace muchísimos años de la que guardo un grato recuerdo. Se trata del libro de Scott Jurek, Correr, comer, vivir y de la película de Ang Lee, Comer, beber, amar.

Tienen en común el significado de la comida como un profundo acto de amor. Somos lo que comemos y tanto Jurek como Ang Lee a través del personaje del padre nos muestran el camino a seguir en el respeto a los alimentos, a la tradición y como una vía más para mostrar el amor a nuestros allegados. 

Con otro mito, Caballo Blanco.
Si se puede utilizar el verbo descubrir, supe de Scott Jurek a finales de los noventa. Por esas épocas el trail running comenzaba a despertar aunque nunca hubiera sospechado dónde estaría asentado década y media después (ni soy capaz de visionar dónde estará en el medio plazo). Quise descubrirlo y corrí la maratón del Aneto del 99, última edición. En Cataluña había media docenas de carreras más de las que hoy consideraríamos de montaña, distancia sprint eso sí. Y leyendo revistas americanas llegué a la Western States con un Tim Twietmeyer, alto ejecutivo de HP, físico clásico de californiano puro, a lo Dave Scott, ejerciendo de imperial dominador. Yo rondaba los 30 y este era un deporte de veteranos. La vida por delante. 



Badwater 1


Pero apareció un joven, Scott Jurek, e inauguró una larga racha de triunfos. Se cortaba el pelo y lo donaba a asociaciones de enfermos de cáncer, era vegetariano militante, gran cocinero e, intuía, mejor persona. Un hippy al que Tony Kupricka ya admiraba mientras Kilian, futuro amigo de ambos, dedicaba su adolescencia recién estrenada a correr o morir.
Por eso, en el loco acopio de la Diada de Sant Jordi del 2013, no podía faltar la autobiografía de Scott Jurek. Y este libro de cabecera ha venido para quedarse, para releerse, para quererlo. 


Recuperación Badwater.
Somos hijos de nuestras experiencias más sencillas, los recuerdos de nuestra infancia no son sino los cimientos, frágiles en ocasiones, robustos en otras, sobre los que vamos edificando con la mejor de nuestras intenciones nuestra propia vida. Y Scott, me da la sensación, ha escrito este libro, poesía en prosa, para sí mismo, para conocerse mejor y seguir evolucionando. En su caso, la enfermedad incurable, cruel, inexorable, lenta y trágica de su madre marca a fuego su destino. “Yo no era consciente de ello, pero estaba aprendiendo muchísimo sobre la comida y sobre cómo estaba conectada al amor”. Releo esta frase y pienso en mi abuela, con quien tuve la suerte de vivir y que forjó mi vida. Esta que ahora desnudo en parte.

“Para cuando comencé a correr, yo ya sabía lo que era sufrir”. Correr como vía de sufrimiento, camino imprescindible para mejorar. Exorcismo de la hipersensibilidad. Las heridas son nuestros mejores profesores, leí una vez. Vía también, sobretodo en la ultradistancia, sospecho, para dominar la mente y ésta al cuerpo.


Siempre me imagino corriendo de una forma totalmente distinta a la actual. Sin reloj, sin ritmo. Disfrutando del entorno. Sé que estoy cerca pero aún quiero cerrar unas ventanas abiertas. A Scott, un mensaje parecido se lo transmite un personaje, típico de la contracultura norteamericana, denominado Dan el Hippie: “Seguimos a sus perros labradores, Zoot y Otis, y me dijo que observara cómo corrían sin esfuerzo aparente. Me animó a que me diera cuenta de que parecían conectados con su entorno. Me explicó que la sencillez y la conexión con la tierra nos hacían felices y nos daban libertad”.

Y qué decir del correr. Comparto absolutamente su idea. “Los lazos que he forjado a través de este deporte de un individualismo tan obsesivo son más fuertes que cualquier otro en mi vida”. All Blacks, otros también, ellos lo saben.


El correr y el comer son solo el medio que utiliza Scott en su largo viaje de mejora personal. Del entrenador australiano Cerutty nos enseña el siguiente lema vital: “solo creces como ser humano si estás fuera de tu zona de confort”. Por eso cada vez añade más dificultad a sus retos. 100 millas, Badwater, Spartathlon, 24h. La fuerza de la voluntad versus el triunfo de la voluntad.

Una vez mi madre me explicó que escribía poesía, tan íntima que me cuesta leerla, para sí misma. Aunque luego se la publicaran. Perdonad esta muestra, desconcertante para mi timidez, de mi personalidad. Pero he escrito este post para mí y para los que quiero. Ellos son quienes hacen que luche cada día por ser mejor y me descubren mis errores, en un ejercicio de generosidad infinita, para que aprenda a superarlos.

En Grecia, la cuna.
El pasado viernes 21 de junio, aún siendo un día en que mi estado de ánimo distaba del optimismo, fue unos de aquellos días que marca una existencia. Mis alumnos me hicieron una cena, me leyeron unas frases emotivas, me regalaron su presencia además de algo material que también ilusiona, y justificaron una vida, una profesión que contemplo como un oficio. Leo la frase de Dogen Roshi que inicia el capítulo 13 del libro y no puedo más que asentir con un nudo en la garganta: “No trabajes para conseguir la libertad, permite que el trabajo en sí sea tu libertad.” No añadiré nada más aunque mi mente imagine mayores gozos, sin sombras, en un potencial futuro que contempla amor y amistad.

¡Saludos!