I survived to Behòvia 2009

dijous, 29 de novembre de 2012

Regularidad.

Grupetta en formación. Yo soy esa...de la gorra naranja
Esta es la palabra que en primer lugar me viene a la cabeza cuando analizo este primer cuatrimestre (agosto-noviembre) de la temporada. Cuatro diez miles con marcas entre los 34’40”-34’50”, aunque con sensaciones muy distintas en cada uno. Sorprendente el primero porque no contaba con correr tan rápido en un circuito toboganero en un día desangelado (2/9, L’Ametlla de Mar, 4º, 34’47”); frustrante el 2º porque la sensación fue de haber corrido muy rápido –casi nunca miro el crono durante la carrera- (23/9, Jesús-Tortosa, 5º, 34’52”); tenso el 3º porque me pasé de revoluciones al inicio (y en cuesta) y sufrí mucho el resto de la carrera creyendo que me recogerían por detrás, que no pasó (7/10, La Galera, 2º, 34’50”); y cansino el 4º porque me se repitió la lesión instantánea en el mismo lugar que el año anterior (ahí hay tema Iker Jiménez). A pesar del par de quilómetros a 4’/k, el tiempo estuvo en el intervalo (21/10, Tortosa, 3º, 34’42”).

Raul, yo también tiré...
Y ya sin la presión del puesto (ni del tiempo), he corrido dos diez miles más (Tarragona y Port Aventura) pero sin acortar entrenamientos por las competiciones. Más la Behobia, donde comprobé que mi estado de forma era mejor del que yo pensaba y que me dio ánimos (e ideas) para la media de Tarragona del pasado domingo. Durante toda la semana (aún fiché a dos más 20’ antes de la salida) hice apología de la grupetta de 3’30” y al final salió un bonito colectivo. Supimos relevarnos (en mi caso me sentí un 80% del tiempo con el gancho puesto, pero cuando pude contribuí) y entramos en el margen previsto teniendo en cuenta los casi 200 metros de más que nos salieron. Mejoré la actuación del año pasado y con la edad que uno va teniendo eso es un lujo. Añado que la sesión de gimnasio semanal, a pesar de lo poco que me gusta el ambiente, me está proporcionando un mejor estado físico general que redunda en un estado de molestias free, una mejor recuperación tras los esfuerzos considerables de San Sebastián y Tarragona, y mucha más fuerza, con lo que seguiré yendo todo el año.


Momentazo Ryan Hall
Ahora me quedan 7 semanas para la maratón de Tarragona. En 5 de ellas deberé superar los 110k. El objetivo es competir muy poco (media de Salou como liebre 1h21’ para quien quiera apuntarse y quizás San Silvestre) y con respecto al plan de entrenamiento ya me he hecho un mix Canovista-Ferraniano que iré desglosando en este mismo blog. Añado crónica aquí -se lo advierto, es en catalán- de la media de Tarragona desde dentro.

¡Saludos!
 







Buff...
PD: dedico este post a las dos personas a las que atendí el pasado domingo antes de la carrera, con afecto pero con excesiva brevedad dada la concentración que me infrinjo antes de las competiciones: Martí Cartoixa y Ángel Garcia, os debo una.

dijous, 15 de novembre de 2012

Behobia forever.

Al igual que Lance Armstrong, yo también quiero morir pasados los 100 años y corriendo la Behobia - San Sebastián. Y no me lloréis, habré tenido una vida plena. Celebradme.


Mi relación con esta carrera, nuestro Boston, es sólida e intensa. Nos queremos realmente. La comunicación es fluida y hemos superado duras pruebas para estar juntos. La conocí en el 2002, lesionado, y le juré que volvería. Así lo hice (y volvía cada año también al, por ahora, malogrado Chillida-Leku) y seguía lesionado. También en el 2004. Finalmente pude cumplir mi promesa en el 2009, año del monzón (o casi). Y en el 2011, extrañamente desértico a 27 grados.

Los años pasan, la vida sigue y vuelve noviembre. Salir del trabajo y enfilar hacia Donostia es una rutina feliz. Este año habría lluvia. Mejor. Más épica.


Tras calentar una hora para no coger frío (y con el privilegio de hacerlo unos minutos con lo mejor del fondo catalán –Leiva, Roig y Roca-). El ska de Kortatu me devuelve a los ochenta. Miles de personas saltando bajo a la lluvia y el sarri, sarri, sarri, sarri y ¡salida!



A mí me suele costar mucho fluir. Suelo correr al límite y allí no voy cómodo. Disfruto, pero no voy cómodo. Competir conmigo mismo es siempre una batalla intelectual en la que mi cerebro se convierte en una suerte de sala de máquinas que toma decisiones constantemente para sacar lo mejor de mi cuerpo. Y mientras, miles de pensamientos se entrecruzan a lo largo de una carrera. Algo que me parece fascinante. Y hay días que uno además tiene piernas. Son los únicos días en que consigo fluir. Y así me encontré el pasado domingo.

Mi colega Toni Flores era mi referencia. Creía que podía estar cerca así que me puse a su rueda y con facilidad transcurrimos los primeros quilómetros. El público ya gritaba desde los primeros metros y, en muchas ocasiones, se agolpaba bajo la lluvia en un ánimo incesante. 3 generaciones viendo pasar a los corredores. Valores compartidos que se inculcan desde abajo. 


Quizás el otoño sea la estación favorita del País Basco. Los distintos tonos del rojo, naranja y amarillo de las hojas, sobre fondo verde, acompañan nuestros constantes sube y baja. Como casi siempre, hoy tampoco voy a mirar el crono que llevo en mi muñeca siempre que salgo a correr. Sé que voy bien y tengo suficiente. En la primera de las dos fuertes subidas cedo unos metros porque prefiero seguir fluyendo. Seguimos atravesando los distintos rompepiernas que jalonan la ruta y cada vez voy disfrutando más. No hay dolor, solo gozo en un arrebato casi místico y teresiano.

Más o menos siempre es la misma historia. Te acompañan una serie de corredores casi toda la carrera y adelantas a otros que han medido mal su relación con la distancia. 





Atravesamos un Lezo de fiesta mayor, con su población volcada en hacernos mucho más fácil el esfuerzo. Ya queda poco para llegar a mi zona favorita, el último y largo puerto de 800 metros que, concluido, te sitúa en la antesala de la meta. Solo queda un largo descenso de 2k y un último de paseíllo, para gustarse y con marco incomparable: los cubos del Kursaal y la playa de Gros. Mientras me acerco a la meta, el arco iris rodea La Concha bajo un tímido sol que pronto se retirará. Juro que no es una visión como tampoco lo es el atleta con five fingers que llevo delante. No es tiempo para setas.

El día antes, en un mensaje a un amigo le comento que hora once me haría megafeliz. Contento ya lo estaba.


A punto de llegar a meta veo en un reloj-anuncio que son las 11h38, así que si la tecnología no falla mucho, habiendo salido puntuales, puede haber mucha alegría. Y la hay, porque enfilando la recta final veo la hora diez en el crono de meta. Me invade la euforia y celebro una y otra vez el sprint final. 1h10’45”.
 


A los 30” de haber acabado me explican que ha  ganado mi compañero de club y gran persona, Jaume Leiva. Me alegro por él y por mi capitán, quien le fichó. Han sido unos cuantos sinsabores que aumentan el valor de las cosas conseguidas. Y segundo, rozando la txapela mi amigo Marc. Otra mejor persona que atleta. Lástima que Roger se retirara y que Asier no tuviera su día. Hubiéramos completado un fan day.

Ya solo quedan unos meses para mayo del 2013. Volveremos a apuntarnos. 26.000 atletas no pueden estar equivocados.

¡Saludos!